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miércoles, 3 de febrero de 2010

Procedimiento en rescates e información sobre el estado de la montaña



Para contactar en caso de accidente con las Unidades de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil se debe hacer a través del teléfono 062 cuya central a nivel provincial activa dichos GREIM´s.

En caso de solicitud de información sobre el estado de la montaña en cada una de las zonas de actuación de estas Unidades se puede poner en contacto directamente a través de los teléfonos que se reseñan a continuación.

Cuando exista poca cobertura telefónica con teléfono móvil y el único medio de contacto sea el teléfono de la Central de Emergencias de cada Comunidad Autónoma 112, se debe especificar la solicitud de socorro de los GREIM o bien solicitar el contacto directo con dichas Unidades. 


 
El Servicio de Montaña tiene como misión específica el ejercicio de todas aquellas funciones encomendadas a la Guardia Civil en las zonas de montaña o en aquellas otras que, por su dificultad orográfica o climatológica, requiera de una especial preparación física y técnica, así como del empleo de medios técnicos adecuados.
Esta misión específica se desarrolla en los siguientes cometidos fundamentales:
- Prestar auxilio a las personas accidentadas, perdidas o aisladas en zonas de montaña o lugares de difícil acceso.
- Velar por el cumplimiento de las disposiciones que tiendan a la conservación de la naturaleza y medio ambiente en zonas de alta montaña.
- Garantizar la seguridad y el cumplimiento de la legislación vigente en dichas zonas de actuación.
- Realizar servicios de vigilancia y de prevención y mantenimiento del orden público en pistas de esquí, así como en competiciones deportivas de montaña.
- Cualquier otro que, desarrollándose en su ámbito específico de actuación, le sea encomendado.




¡Ojala no haga falta usar ninguno nunca mas!

miércoles, 6 de enero de 2010

Cuando conocí la montaña II

 Capítulo I aquí

Las primeras piedras a las que me subí.

Cuantos fines de semana disfrutados...

Andando por todos los recovecos…

Patinando por el arroyo helado…
 


Mirándola embobado y esperando algún día tener unos pinchos para poder subirlo…
 


Aquello me parecía el fin del mundo…


Y de este algo había oído pero ni sabía dónde estaba…
 

Luego ya uno empezó a perder el contacto con la montaña...

Pero un buen día descubrí esto de internet donde podía ver toda clase de fotos desde cualquier cima que quisiera y pude volver a ver aquellos lugares donde tanto disfruté y que ya tenía olvidados.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Goodbye FotoBambi 1963...2008

De crio estaba casi siempre ayudando a mi padre en su pequeño laboratorio. Ya de más mayor me tocaba revelar los negativos por la noche y eso ya me empezó a cansar pues eran tiempos para golfear.
Yo me sentaba a su lado enfrente de dos cubetas y mi padre en la ampliadora. Allí estábamos los dos iluminados por la luz roja. El metía el papel en el revelador  y yo veía como iban saliendo las fotografías, cuando ya me parecía que la foto estaba bien la pasaba al fijador y luego todas al cubo de agua y a la fuente a lavarlas para después secarlas. La verdad que me divertía ver aparecer las caras de la gente y al que veía un poco pálido le frotaba la cara con el dedo y le ponía más negro que un tito…je je je. Lo malo era cuando había que revelar y secar las quinientas fotos que solían hacerse un buen día (noche) de fiestas…


Luego llego el color y ahí ya la cosa era mas de fortuna, mientras en blanco y negro solo había que ir metiendo papel en la cubeta del revelador e ir pasando una a una al fijador, el color era a base de cronometro temperatura y oscuridad total a excepción de una luz verde que solo se podía encender para ver un poco las fotos cuando se revelaban todas a la vez. Un caos, pues de las ocho maquinas no había ni una igual y las fotos se revelaban todas a la vez. El resultado solía ser de fotos de todos los tonos y colores, así que tocaba repetir todas las que hacían daño a la vista.
La costumbre de la gente era hacerse la foto a última hora, cuando el pulso ya no existía y la vista no “enfocaba” muy bien…pero no se iba hasta conseguir dar al puto clavito para verse la cara al día siguiente y hacerse unas risas.
Luego llegó la Polaroid. Hicimos infinidad de pruebas y aquello era un desastre sin contar con la calidad de la imagen. Así que dejamos aparcado el asunto y a seguir con lo tradicional: Cerrar tarde, revelar los negativos, al tendedero y pasadas con secador de pelo. Al día siguiente rematar el secado de negativos y al laboratorio (60x200cm). El secado de las fotos se hacía hasta comiendo… ¡que tiempos!
Y por fin salió ella…

Ya no teníamos que seguir trabajando después de cerrar. Y por las mañanas solo había que preocuparse de tener todo limpito y preparado para abrir por la tarde… que bueno fue mientras duró.
Tenía en la parte trasera un enchufe para conectar un control remoto. Conseguimos que mediante un microcontactor, y acertando a la primera con la posición de los tres cables que había que conectar a la maquina, disparase la foto. Solo había un problema… a diferencia de las maquinas compactas tradicionales, la Polaroid era muy lenta en reaccionar y para que saliese la foto teníamos que alargar el tiempo de contacto del micro.
El mecanismo antiguo era simple: una varilla de hierro con los extremos doblados en forma de L. Cuando se apretaba el clavito la maquina disparaba a la vez por el sistema de palanca.
Pero con la Polaroid era diferente: La maquina primero tenía que cargar el flash y enfocar, a continuación ya salía la foto. El disparo de la carabina era demasiado rápido para que diese tiempo a salir la foto, solo cargaba el flash y se volvía a descargar pasados unos quince segundos, o sea… que había que darle dos veces y rapidito je je je. Solo dándole de refilón salía a la primera ya que así se conseguía que el micro trabajase más lento.
Así aguantamos hasta que llego la era digital y aquella maldita curva grasienta en un día de fina lluvia.

sábado, 14 de marzo de 2009

Cuando conocí la montaña I

 Cuando conocí a esta gente yo tendría unos trece años. Mi hermana me apunto a una excursión a un sitio llamado Fuente Dé.
Del lugar no guardo muchos recuerdos, solo la subida en el teleférico y la vista desoladora que allí arriba me pareció ver.
Lo más parecido a una montaña que yo conocía en aquella época era el monte Igueldo y el desfiladero de Pancorbo; que por cierto, se me disparaba la imaginación cada vez que pasaba por ahí.
Lo que sí recuerdo es aquella gente que iba en el autobús. Cantando, riendo, y siempre alegres.
Desde ese día me integre en ese grupo con el que compartiría experiencias y desafíos.
Casi todos los fines de semana cogíamos el tren hasta Santa María de Mave. Recuerdo la aproximación hacia aquellas paredes, mi primer contacto con la caliza, mis primeras noches al raso, las tardes tumbados en la hierba bajo el sol, la primera vez que vi y oí las historias de aquellas vías sombrías.
Por aquella todavía no estaba construida una caseta horrible justo debajo del gran techo, nuestro sitio preferido para dormir cuando no llovía.




Todo el día estábamos buscando sitios por donde subir, los dedos sangraban. Alguien me contaba cosas de una moto. ¿La moto? ¿Qué será eso de la moto?... ¡joder!... ¡ya sé lo que es la moto!...ahí estaba yo, haciendo una travesía a unos tres metros del suelo cuando arrancó la condenada.
Yo pegado a la pared con la uña de un dedo de cada mano incrustados en unos pequeños orificios y las punteras de las botas, la derecha no dejaba de coger revoluciones, sobre unas repisas de un par de centímetros intentando aguantar.- ¡bah! El suelo está ahí mismo…salté…pero el suelo estaba inclinado y el tobillo derecho se quejo. Cuando llegue a Palencia casi no podía ni andar pero mientras no molestó mucho.

Había un par de vías que eran la prueba definitiva, la Vicente y el gran techo. La Vicente era la más larga; recuerdo un gran puro en medio de la vía que había que sortear abrazado a él de brazos y piernas donde a alguno hubo que tirarle una cuerda desde arriba para que alcanzase el siguiente paso. Pero para hacer esa vía primero había que pasar el gran techo.
El gran techo lo teníamos siempre ahí al lado llamándonos. Cuando no estábamos haciendo alguna vía nos poníamos a escalar el principio del techo y muy poquitos lo conseguían.
Como yo estaba empezando pues estaba todo el día entrenando en un par de pequeñas vías que no precisaban ningún material y alguna vez me ponían de segundo en alguna vía mas prolongada.




Nos recorríamos todos los rincones, nos conocíamos todas las cuevas. Allí donde se podía subir nos subíamos, allí donde se podía bajar nos bajábamos. Cada vuelta a casa, con la cabeza apoyada en la ventana del tren, veía como iba cambiando el relieve y soñaba con la próxima vez que me subiría a los estribos.
Un día se prepara una excursión en autobús a un sitio donde dicen que hay una cascada. El ambiente en la espera a subir al ¿¿autobús?? es magnífico. No recuerdo la hora pero seguro que era muy pronto.
Todo el viaje cantando, amigos y amigas vamos a pasar un fin de semana en un refugio. Pasamos por pueblos pero no se ven. El minibús pasa por un túnel y rompe los carámbanos de hielo que cuelgan. Llegamos a una pequeña rampa, el minibús se para y nos bajamos. Todo alrededor era blanco iluminado por las estrellas, tocaba empujar. Cuando se acabo la rampa nos subimos, menos mal porque el humo casi nos asfixia. A un par de kilómetros se acabo el viaje.
Empezaba a amanecer cuando sacábamos las mochilas y los esquís del vehículo. Estábamos en un pueblo en blanco y negro… el ultimo pueblo. Ante mis ojos se levantaban laderas blancas que me asustaban. El refugio estaba al lado del pueblo, entre medias pasaba un pequeño río.
Ya con sol veo sorprendido todo lo que hay a mi alrededor. Montañas que parecían merengues, valles blancos que no sabia donde iban. Todo era blanco. Ese dia cogimos un camino que salía justo del refugio y conoci las agujas y el pozo. Ya en el refugio todavía quedaba tiempo para sentir la sensación de deslizarse sobre unas tablas.
Las fijaciones de cable no se llevaban muy bien con mis botas casi casi semirrígidas de piel de borrego pero a mi eso me daba igual. Allí estaba yo en plena montaña y aprendiendo a esquiar por la carretera. Después a cambiar de ropa y pegar la mojada a la chimenea.

Capítulo II

La Cuerda de la Vida

Cuentan que un alpinista desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía después de años de preparación. Pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde. No se preparó para acampar, sino que siguió subiendo decidido a llegar a la cima, hasta que se hizo la oscuridad. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña; ya no podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes. Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, resbaló y se desplomó por los aires..


Caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida. Pensaba que iba a morir; sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo partió en dos...Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.




Después de un momento de quietud, suspendido por los aires, gritó con todas sus fuerzas: -"¡¡¡Ayúdame Dios mío!!!..." De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: -"¿ QUÉ QUIERES QUE HAGA, HIJO MIO ?" -"Sálvame, Dios mío " -"¿REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR?" -"Por supuesto, Señor " -"ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE..." Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó... Cuenta el equipo de rescate que al día siguiente encontraron colgado a un alpinista muerto, congelado, agarrado fuertemente con las manos a una cuerda...A TAN SOLO DOS METROS DEL SUELO... ¿Y tú ? ¿Qué tan confiado estás de tu cuerda? ¿Por qué no la sueltas?
(Google)

Paisajes



Palencia

Curavacas

El paraiso


-Hola buen hombre, ¿se ha perdido?-hola, no, busco una montaña.-aqui hay muchas.-busco una que se llama sabiduría.- ¡vaya, otro!-¿la buscan muchos?-¡ya lo creo!, y difícil es llegar. Por caminos pedregosos y mil peligros hay que pasar.-no lo entiendo,llamandose la montaña sabiduría....-llamándose sabiduria,por eso mismo, solo las personas que la poseen consiguen llegar.-¿pero si ya poseen sabiduría para que la quieren encontrar?-por que solo el que fue y es sabio en ella merece vivir y en ella reposar.-¿como sabré yo si soy sabio y a la montaña llegare y en ella merezco vivir?-mira lo que hiciste en tu vida, lo que haces y lo que con ella querrás hacer. Tu vida te lo dirá todo, preguntale, solo tu vida a esa montaña te abra de hacer llegar.





Si lo mereces llegaras, si no por el camino a la montaña quizá perezcas. Piensa antes de partir o no abra ya vuelta atrás.- ¿y si aun no siendo una persona sabia quiero partir? ¿Quiero intentar?, ¿no lo hizo nadie solo por el hecho de querer llegar y ver esa montaña?-tan solo el que parte de esa manera lo sabe o lo supo, la decisión es tuya.-parto ya pues. Sabio no sé si seré, quizá no, pero la montaña, esa montaña de la sabiduria, tengo que verla aunque solo sea por una vez.
(Google)